lunes, 20 de octubre de 2008

Publicidad y Fotografía: denotación y connotación

Muchas veces hablamos de las connotaciones políticas sociales y culturales de determinados temas, pero ¿qué pasa con la fotografía?, ¿podemos permitirnos pensar que cada fotografía lleva en sí misma un conjunto de connotaciones, que no sólo dependerán del autor de la foto en cuestión sino, además, de quien la perciba y del contexto en el cual ésta sea percibida?
Cuando observamos una foto, nos encontramos con una multitud de elementos representados en su gran mayoría reconocibles, tales como personas, lugares, formas, etc. Al mirar una imagen, reconoceremos y le pondremos nombre conciente o inconscientemente a aquello que miramos, cada cosa observada remitirá (si es que la conocemos) a una idea o al nombre de esa cosa, a esos signos cristalizados que reconocemos sin problemas y, sin agregar mucho de nuestro conocimiento, es lo que llamamos “denotación”. Por lo tanto la imagen fotográfica conlleva siempre una función denotativa.
En un segundo plano dentro de los órdenes de ideas, está la connotación, en donde cada individuo aportará datos sobre aquello denotado. Esta función enriquecerá la imagen y el perceptor establecerá varios tipos de relaciones posibles entre lo percibido en estado puro “denotado”, y todo lo que él conoce acerca de lo que allí está representado. Es en este momento donde comienza a funcionar la connotación, cuando la foto adquiere su significación real, cuenta una historia, aporta, enseña, duele, alegra, en síntesis afecta y, por lo tanto, no pasa desapercibida.
Un ejemplo para mostrar cómo funcionan estas operaciones es el de la foto que ilustra nuestro texto. Estamos frente a una imagen que en primer término contiene elementos análogos a cierta realidad, que podemos distinguir como unidades aisladas a las que les ponemos nombre: dama, perro, caballo, fusta, sombrero, riendas, pared. Pero cada cosa representada es entendida porque, de alguna manera, fue aprendida con anterioridad y por lo tanto es reconocida. Cada objeto que distinguimos es porque lo reconocemos y sabemos de él de antemano; el reconocimiento de los objetos y el entendimiento de la escena como tal, señora con sombrero, caballo y perro, será la denotación.
Entonces la imagen según quien la mire tendrá diferentes connotaciones. Quien sepa de moda, podrá leer con exactitud la época del atuendo de la dama, por lo cual lo denotado estará dando información específica sobre un momento de la historia, una clase social y un estilo determinado; en cambio, el aficionado a los caballos, podrá leer con cierta exactitud la función del caballo, por aquellas marcas específicas como lo son el tusado de la cola o de la crin, reconocerá si es un caballo de trabajo o de divertimento; un aficionado a la cría de perros leerá con exactitud la raza del animal. Un historiador de la fotografía quizá recurra a las lecturas anteriores como indicios, si lo que realmente necesita es confirmar la época en la que la fotografía fue tomada, verificará también la técnica con la que fue realizada, prestando atención al tipo de soporte y si la foto pertenece a la época de lo que representa o no; algún descendiente de la dama podrá distinguir parecidos aires de familia, entonces la imagen tendrá además una connotación afectiva.
Supongamos que supiéramos con exactitud a que época pertenece el vestido y el sombrero de la dama, y si éste está de acuerdo con la moda de cierto momento de la historia, esta connotación nos hará establecer una época en la que fue realizada la toma y podría pasar a nuestro entendimiento como imagen antigua (aunque haya sido una puesta en escena del mes de junio de 2005 y copiada hace pocos días), ya que connotar es también contextualizar el contenido visual, anclándolo en un momento y lugar determinado, aunque este sea erróneo. Sucede que siempre formarán parte de la connotación aquellas pistas que relacionen la imagen con algún contexto, real o elucubrado, a fin de que la fotografía pueda funcionar como una metáfora.
Los ejemplos nos muestran que la connotación es un proceso que desencadenará innumerables niveles de lecturas, y que cada uno de ellos dependerá de lo que el lector pueda sumar a esa cadena de signos abiertos que representa una foto. Por esta razón, lo que connota para un individuo no funciona igual para otro. Durante muchos años del desarrollo de las ciencias del signo era costumbre oponer la connotación a la denotación, donde la única realidad sería que la denotación en estado puro en la fotografía no existe ya que señora, sombrero, caballo y perro, también es una connotación puesto que debieron ser conocidos, reconocidos y aprendidos de antemano como la raza del perro para el aficionado a la cría de perros, la época del vestido para quien sabe de moda, y para quien sepa de fotografía, que la fotografía pertenece a los hermanos Alinari

jueves, 16 de octubre de 2008

Publicidad Subliminal


La publicidad subliminal es aquella que mediante técnicas de producción de estímulos puede actuar sobre el inconscientemente del receptor.


¿Cuál es el mensaje subliminal que observas en esta publicidad?



¿Qué connota la siguiente imagen?


martes, 7 de octubre de 2008

...a partir de 1984: Big Brother

¿Qué opinión tienen con respecto a este video?

La realidad televisiva ¿es un show?

Un grupo de desconocidos que convive las 24 horas del día expuestos a diferentes desafíos como bailar, cantar, formar parte de un pelotón, bajar de peso o cambiar de parejas y que dejan de lado su intimidad en pos de lograr cierto reconocimiento mediático, ¿te parecen situaciones "reales"? Hablamos de los reality shows.

Comenta con tu grupo lo siguiente:

¿Cómo se relaciona la definición de show con la "realidad"? ¿Consideran que la realidad puede ser un espectáculo? ¿Por qué? Publiquen sus conclusiones en este blog o en el del grupo.

Show es el término in glés que significa "espectáculo". Un espectáculo se define tanto como una "función pública destinada a entretener" como una "acción que causa escándalo".
El afán por develar la intimidad de las personas ha encontrado su máxima expresión en los reality shows. A través de una infinidad de cámaras, los telespectadores presencian los conflictos, las dudas, los amores y desamores de un grupo de individuos escogido entre cientos de miles postulantes.
Este género televisivo se funda a finales del siglo XX con, entre otros programas, Big Brother en el que se exponía la vida de un grupo de jóvenes en un encierro de meses.
Es curioso el hecho de que este tipo de programas parace ser engendrado única y exclusivamente en el medio televisivo pues, mientras otro tipo de producciones como las teleseries o los noticieros derivan las expresiones de comunicación ya existentes (novelas o relatos de amor en primer caso, pregoneros populares o juglares en el segundo), la idea de recrear una situación ficticia y presentarla como real solo puede surgir en un escenario como el televisivo, ya que la posibilidad de entregar visiones de la realidad al receptor es exclusiva de este medio audiovisual. En otras palabras, al ver televisión no nos "cuentan" o no nos ayudan a "imaginar" lo que ocurre, sino que directamente lo presentan ante nuestros ojos.


Cuando la realidad se convierte en un producto televisivo

El Show de Truman, es una película que fue llevada al cine en el año 1998 y es una alegoría de la sociedad teledirigida: Reality Show.

Para saber más sobre esta película visita el sitio: http://www.fantasymundo.com/articulos/1371/show_truman

jueves, 2 de octubre de 2008

El hombre que ve


Para reflexionar acerca del impacto de los medios en nuestras vidas y, en particular, de la televisión, queremos invitarte a conocer el pensamiento del sociólogo italiano Giovanni Sartori, quien hace una década, publicó un libro muy exitoso llamado Homo Videns. La sociedad teledirigida, en el cual sostiene la tesis de que gracias a la televisión se está produciendo un retroceso en la evolución humana, porque el homo sapiens (hombre sabio que conoce) está siendo sustituído por el homo videns (hombre observador que ve)

“Fisiológicamente, el homo sapiens no posee nada que lo haga único entre los primates (el género al que pertenece la raza humana). Lo que hace único al homo sapiens es su capacidad simbólica. (…) y la capacidad simbólica se despliega en el lenguaje, en la capacidad de comunicar mediante una articulación de sonidos y signos ‘significantes’, provistos de significado (…). El lenguaje no es sólo un instrumento del comunicar, sino también del pensar. Y el pensar no necesita ver.”

Según este texto, el lenguaje oral y escrito son parte de la esencia misma del ser humano y no solo parte de la cultura. Cuando aparece el televisor, a mediados del siglo XX, se invierte la dirección de la evolución humana, porque la percepción de la imagen empieza a reemplazar al pensamiento abstracto.

“La televisión, como su nombre lo indica, es ‘ver de lejos’ (tele), es decir, llevarte ante los ojos de un público de espectadores, cosas que pueden ver en cualquier sitio, desde cualquier lugar y distancia. Y en la televisión el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar. Y como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Y esto es un cambio radical de dirección, porque mientras que la capacidad simbólica distancia al homo sapiens del animal, el hecho de ver lo acerca a sus capacidades ancestrales, al género al que pertenece la especie del homo sapiens”.

Este proceso de involución se acentúa al iniciarse la edad cibernética en los años 80’, con el surgimiento de la computadora y la tecnología multimedia. Con la televisión se ven a distancia realidades existentes, pero con la computadora, realidades simuladas o virtuales. Se va afirmando el ver sobre el hablar, la preponderancia de la imagen sobre la palabra. Sin embargo, Sartori no pretende arremeter contra la televisión como artefacto de comunicación o la computadora como instrumento de información, sino prevenir sobre su mal uso, su abuso o la dependencia en que puede caerse si se prescinde de la cultura del libro.

“Esta tesis, o si se prefiere la hipótesis, en la que se centra todo el libro, (…) una tesis que se fundamenta, en el puro y simple hecho de que nuestros niños ven la televisión durante horas y horas, antes de aprender a leer y a escribir”.

Giovanni Sartori. Homo Videns. La sociedad teledirigida. Madrid: Taurus, 1998. (fragmento)

jueves, 4 de septiembre de 2008

¿De qué trata la comunicación masiva?

Cuando nos enfrentamos a medios de comunicación como la televisión, Internet, los diarios, los libros o la radio, se da la misma dinámica que en una situación comunicativa cotidiana y personal, pudiendo distinguirse en ella: un emisor, un receptor, un mensaje, un código, un canal y un contexto. La diferencia, en este caso, es que observamos la presencia de un receptor múltiple -todo un país, por ejemplo- por esa razón, reciben el nombre de Medios de Comunicación de Masas.
Algo más que entretención
Cuando a mediados de la segunda mitad del siglo XX surge en Chile la televisión pública, al momento del cierre de las transmisiones se oía que entre las intenciones que el canal tenía destacaba la de educar, informar, hacer soberanía y entretener. Este último objetivo nos parece el más conocido en la actualidad. Revisemos cómo se comporta:
Actividades:
  1. Baja la programación de un día de cada uno de los sitios webs de los canales nacionales de televisión y compáralos entre sí.
  2. Identifica cuántas horas están dedicadas a los diferentes objetivos y señala, también, cómo te comportas tú frente a ellas.
  3. Escribe tus resultados en un archivo word o en tu cuaderno guiándote por las guías entregadas por tu profesora.